Sam Portillo es salvadoreño y lleva unos cinco años viviendo y construyendo en Berlín, con emprendimientos en Suiza y en Estados Unidos. CAPSLOCK es el laboratorio de IA aplicada que salió de ese camino, y trabaja desde El Salvador hacia afuera. Esta nota la escribimos para la gente que toma decisiones acá, en universidades, bancos, fondos de inversión y centros de pensamiento, y que se pregunta si tiene sentido construir IA en el país. Es una opinión, y al final decimos lo que todavía no sabemos.
de dónde viene
Sam viene del diseño estratégico y los negocios, no de la ingeniería. El trabajo arranca con preguntas: para quién es, qué haría esa persona con esto, cómo se ve mejor. La tecnología llega después.
Lo que el laboratorio sabe de IA viene de construir con ella adentro de empresas en marcha: un estudio de diseño, un restaurante de BBQ texano, un equipo que funciona con sus propios recordatorios. Sam también trabaja con una empresa de software a la medida que construye para empresas grandes y fintech, y eso mantiene al laboratorio cerca de cómo se construyen y se operan los sistemas más grandes.
el problema que vimos
En todos esos lugares apareció lo mismo. La empresa tenía un problema real que la IA podía ayudar a resolver, y nadie que se pudiera dedicar a eso. Muchos negocios no pueden pagar dieciocho ingenieros para averiguar qué debería hacer la IA por ellos. Tampoco se pueden dar el lujo de quedarse atrás mientras esperan.
Al principio creímos que lo que frenaba a las empresas era el acceso a los modelos y a las herramientas. Nos equivocamos. Las frenaba la fragmentación y la fricción: conocimiento atorado adentro de los equipos, trabajo que aparece en el lugar y el momento equivocados. Los sistemas que aguantaron fueron chicos y bien conectados, como un sistema de recordatorios que mantiene en movimiento el trabajo de un equipo (Nudge) o el newsletter semanal de 2fifty Texas BBQ, que ahora arranca desde el sitio web del restaurante (cómo se hizo).
De ahí sale CAPSLOCK: una capa compartida de innovación y sistemas. Varios negocios usan un mismo laboratorio, que diseña, construye y opera sistemas adentro de su trabajo, y lo que aguanta en un lugar mejora lo que se construye en el siguiente. Una capa compartida de innovación lo explica con más calma.
el marco legal
CAPSLOCK es una empresa salvadoreña, CAPSLOCK S.A.S. de C.V. Para un banco o para cualquier organización regulada, la primera pregunta suele ser bajo qué reglas trabajamos, así que va primero:
- La ley de tecnología y la política que la rodea bajan la fricción de construir y operar tecnología acá.
- La exportación de servicios está pensada para que trabajo como el nuestro se haga en el país y se venda afuera.
- La ley de fomento de la IA (Decreto 234, 2025) y la ley de protección de datos (Decreto 144, 2024) marcan cómo usamos estas herramientas y cómo tratamos los datos: consentimiento primero, y el derecho de cada persona a acceder, corregir y eliminar lo suyo. Uso de IA lo cuenta en detalle.
Y una regla nuestra: el código que pagás es tuyo. Si preferís no correrlo vos, lo podemos alojar y mantener por vos, y podés quedártelo y manejarlo vos cuando querás.
el talento
Desarrollar talento local es parte del trabajo: gente de acá aprendiendo a construir con estas herramientas en proyectos reales, y quedándose para operar lo que construyó. A una universidad esto le toca de cerca: estos sistemas se aprenden construyéndolos adentro de trabajo de verdad, y un laboratorio que deja por escrito lo que encuentra le da a la investigación algo concreto que estudiar.
los riesgos, sin rodeos
Quien invierte o decide en una junta directiva tiene que ver los riesgos antes que el entusiasmo. Estos son los nuestros:
- Somos pocos. Hoy CAPSLOCK somos tres personas: Sam, un desarrollador y una persona de administración. Es temprano, y preferimos decirlo así.
- La IA se equivoca. Por eso separamos el hacer del revisar, y una persona decide cuando un paso no tiene vuelta atrás o cuando el nombre de alguien más va en el resultado.
- Lo regulado todavía es una pregunta abierta. Lo que funciona en un estudio o en un restaurante no necesariamente pasa igual a un banco. Para nosotros es una pregunta abierta.
por qué desde acá
El trabajo de construir podría pasar en cualquier parte. Armar sistemas, diseñar flujos, escribir el código: nada de eso necesita un país en específico. Lo que El Salvador nos da son las condiciones alrededor del trabajo, una necesidad real de innovar con espacio para sistemas nuevos, y la cercanía: estamos en medio de las Américas, en la misma región y con horarios que se traslapan con los equipos con los que trabajamos, muchas veces en el mismo cuarto. Construir un sistema con un equipo, desde adentro de cómo ya opera, solo funciona así de cerca.

Los incentivos y las leyes son el papeleo. La razón de fondo es que esto es casa. Hay algo distinto en construir el futuro de un lugar del que sos, para gente que conocés, en vez de ver cómo se construye en otra parte y se importa de vuelta con sobreprecio. El Salvador no necesita prestar su tecnología. La puede hacer.
cómo publicamos
La bitácora tiene tres tipos de nota. Los pensamientos, como este, son posturas marcadas como opinión. Los experimentos cuentan qué probamos, qué vimos y qué falló. Las pruebas muestran algo funcionando, con su alcance y sus límites. Los fracasos van al lado de los aciertos, las empresas con las que aprendemos no llevan nombre a menos que ellas digan lo contrario, y ningún número entra en una nota si no podemos decir de dónde salió. Lo que el laboratorio sabe hacer está en los sistemas que opera, en trabajo, y en esa bitácora.
Si estás en una universidad, un banco, un fondo o un centro de pensamiento y querés conversar sobre lo que la IA significa para tu organización, escribinos.